Circuito

Está todo mezclado, después de todo. Una ensalada de diálogos, de movimientos. Una especie de mantra, que se repite cada mañana, cada día, cada año. Una mirada al espejo revela otro espejo, otra cara, otros momentos. Apenas me reconozco ahora. Las arrugas cubren mi cara y ocultan mis ojos apagados. Veo mi sonrisa, la comparo con mis labios apretados.

Salgo. El mundo es dos mundos. Uno está lleno de edificios pintados de gris que tocan nubes iguales, tocan un cielo sin esperanzas. El otro es un pueblo pequeño, con casas coloridas, en cada esquina gente conocida, y un cielo azul que presagia un buen futuro. Ninguno de los dos existe, ninguno es real. Ambos son yo mismo, ambos son ficciones.

Me cuesta guiarme, así. Parte de mi sigue otra ruta, quiere llegar a lugares que ya no existen. Hay tanto que extrañar, tanto que recordar, que ya casi no guardo nada nuevo. Volver es tan fácil, pero llegar es imposiblemente difícil. Todo camino nuevo se enfrenta al viejo, y pierde, porque los recuerdos son ciegos, amalgamaciones de esperanzas, de mentiras que creemos verdaderas.

Llego. El mundo vuelve a ser el mundo. Pero en mi mente todavía sigue repitiendo mi mantra.