Una cosa de ángulos

Desde ese ángulo, parecía estar tan cerca. Un simple salto y luego alcanzar el otro risco, sentir la victoria en los pulmones, entrar en lo inexplorado. ¿Cuántas veces intenté hacerlo, de niño, cuando la muerte parecía lejana y la vida se escapaba por mis poros?

“¡Cuidado!” gritaba mi madre, desesperada, cuando me veía correr hacía el borde, buscando las nubes, buscando el cielo, buscando un mundo nuevo. Pero estaba lejos, muy lejos, y los años me hicieron darme cuenta de que lo único que esperaba ante tal salto era una caída y el suelo. Sin embargo, sigo buscando como saltar.

Vacío

Todavía no siento el dolor de tu despedida. Debería estar ahí, pero mi corazón se siente vacío. Mi vida, mientras tanto, me trae a gritos tu recuerdo. La puerta de la alacena entreabierta que oculta pan multigrano. El borde del closet que esconde una chaqueta arrugada y sin doblar. Las marcas antiguas de un choque en el auto. Las calles cerradas en el camino que te hacían lanzar insultos creativos y que ahora solo acarrean silencio. El mundo no paró con tu ausencia, pero parte de mí quería que lo hiciera, quizás en ese punto aparte, en esa última palabra.

Maullidos

Me despiertan sus maullidos, una mañana donde apenas hay luz, cuando los sueños apenas pasan por una ventana abierta. Tiene hambre, a pesar de que todavía queda comida en su plato. Quizás ya tiene demasiado tiempo afuera, quizás el gato solo quiere verme despierto. Son particulares, los gatos, con todos sus ruidos, saltos, juegos y formas. Cada acción es un ritual, cada movimiento un cálculo, cada caída un percance planeado. Abro un snack, maúlla desesperado, como si fuera la última vez que va a comer, como si cada día fuera el último. Lo devora, luego, y rápidamente maúlla por otro.

Ventana

El gato está acostado en el borde de la ventana. Observa, curioso, hacia afuera. Su cuerpo, sin embargo, está tenso, arqueado, listo para saltar. De repente, un ruido empieza a hacerse más fuerte. Un auto acelera, raudo, por la callé cuatro pisos abajo. Los pelos de la espalda del gato se paran, y su arco se hace más pronunciado. Maulla, primero, casi como una alerta, un preludio. Salta, después, en la cama, como si siempre hubiera sido el plan, y corre por el departamento. Porque moverse dispersa el miedo, porque lo desconocido asecha, lo inexplicable lo asusta y lo llama.

Abuela

Lo que queda es un reflejo, borroso, de un retrato. Mi mente es un laberinto de espejos, de recuerdos que se transforman, que no pueden mostrar lo que nunca conocieron. Y no te conocí, porque de ti solo vi lo que quedaba, lo que dejó el accidente. Eran los remanentes de algo mucho más grande, mucho más brillante, que solo vi cuando era demasiado joven para acordarme.

A veces, recuerdos de esa época aparecen en mi mente. Un auto pequeño. Un jardín con un parral de uvas. Una pista de autos de juguete. Palabras suaves, una noche larga. Un llanto que nunca salió afuera. Una noticia desesperada entregada por unos padres que no sabían como compartirla con un niño de diez años.

Nunca te conocí, y luego no quise re-conocerte. Tu manera de hablar, difícil de entender, y tu mirada, perdida en la distancia, me recordaban lo que alguna vez fuiste. Y fui cruel, porque en vez de enfrentar esos sentimientos decidí evadirte, escapar como siempre lo he hecho. Ya no estás, y todo lo que queda es ese recuerdo, un recuerdo que jamás voy a poder completar, el reflejo borroso de un retrato.

Salto

Estas corriendo, fanáticamente, de algo que te persigue. Zigzagueas por pasillos estrechos y oscuros, doblas a la izquierda, saltas y escalas una reja hacía los techos. Desde un tejado, decides saltar a otro. Tus músculos se preparan, luego se tensan. Es el mejor salto que has dado en tu vida. Saltas tan, tan alto, que sales fuera de tu cuerpo.

Está corriendo, fanáticamente, de una mirada que lo persigue. Lo sigues por pasillos estrechos y oscuros, lo observas escalar una reja hacía los techos. Estas cerca, muy cerca, hasta que decide dar un salto, el mejor que ha dado en su vida. Sabes, entonces, que la persecución no tendrá fin.

Soledad Compartida

La soledad

Aplasta

Como la gravedad

Lenta

Absurda

Doblega las espaldas

Resquebraja los huesos


La soledad

Compartida

Reduce al mundo

Enorme

Vasto

Y lo convierte

En un absurdo


La soledad

Se disipa

Como el vapor

Etéreo

Nimio

Se escapa por el aire

Salta a través de la ventana


La soledad

Viaja

A través de tus ojos

Fríos

Verdes

Tu imagen desaparece

El humo del té esparce tu recuerdo

No

Yo no lo elegí. Nunca lo quise, pero no puedo sacarlo. Pulsa dentro mío, permanentemente, destruyendo gran parte de lo que realmente me importa. Tengo miedo, tanto miedo, de romper todo con mis manos torpes, de ir demasiado lejos y no poder retornar nunca. Quizás ya lo hice, porque te extraño.

Te extraño tanto que lo siento en mis entrañas, que los lamentos queman mis parpados, y debo mantener mi silencio. Mi silencio, si, porque hablar es confesar un crimen, romper un pacto, sucumbir a la tentación de morir como una estrella, fugaz y terrible, y luego oscuridad, solo oscuridad.  

Pasajera

La lluvia en verano

Suena

Como un tren

En los techos de zinc

Y viaja

De estación

A estación

Es pasajera

Como sus pasajeros

Las gotas que gruesas

Alguna vez se volverán granizo

Parado bajo la lluvia

Mis anteojos borrosos de gotas

Espero que el tren

Alguna vez pare

Por mi

Mal día

[Esto es solo un pequeño experimiento, que creo que no tiene la calidad usual de mis otras escrituras. Lo pongo aquí de todas formas, gracias por leer.]

Despertó con un grito. Soñó que caía, y lo había cumplido: estaba en el suelo, enredado en las sabanas. Se levantó, adolorido, y entró al baño. Luego de desvestirse, prendió el agua caliente. No contaba, sin embargo, con que la ducha estuviera suelta. Cayó, golpeando su cabeza y causando que un chorro de agua caliente lo quemara. Ya vestido, abrió la puerta del departamento, sin querer imaginar que más le iba a pasar. Pasó por el jardín y apenas logró atajar una pelota perdida. Se la entregó a un niño, que le sonrío inocentemente. Iba a ser un buen día.