Abuela

Lo que queda es un reflejo, borroso, de un retrato. Mi mente es un laberinto de espejos, de recuerdos que se transforman, que no pueden mostrar lo que nunca conocieron. Y no te conocí, porque de ti solo vi lo que quedaba, lo que dejó el accidente. Eran los remanentes de algo mucho más grande, mucho más brillante, que solo vi cuando era demasiado joven para acordarme.

A veces, recuerdos de esa época aparecen en mi mente. Un auto pequeño. Un jardín con un parral de uvas. Una pista de autos de juguete. Palabras suaves, una noche larga. Un llanto que nunca salió afuera. Una noticia desesperada entregada por unos padres que no sabían como compartirla con un niño de diez años.

Nunca te conocí, y luego no quise re-conocerte. Tu manera de hablar, difícil de entender, y tu mirada, perdida en la distancia, me recordaban lo que alguna vez fuiste. Y fui cruel, porque en vez de enfrentar esos sentimientos decidí evadirte, escapar como siempre lo he hecho. Ya no estás, y todo lo que queda es ese recuerdo, un recuerdo que jamás voy a poder completar, el reflejo borroso de un retrato.

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