Punto negro

Entre los arbustos, alrededor de los árboles, escondida en la sombra de los autos, me mira con sus ojos amarillos. Es un desafío, cada día, lograr encontrarla. Cuando al fin mis ojos logran posarse en ella, un pequeño maullido la delata. Es un llamado, pero también un reconocimiento de mi existencia, una aceptación de que me acerque, una disipación del miedo de que haya desaparecido.

Es negra, como las sombras entre las que camina. Elusiva, como solo los gatos pueden serlo. Libre, también, porque no pertenece a nadie más que ella misma. Cariñosa, a veces, cuando la noche comienza a alzarse sobre las nubes. Verla es suficiente para salvar el día, para escapar de la miseria que es sentirse solo.

Se irá, algún día, antes que yo, pero no dejare de verla en la oscuridad de la noche.

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