Cimientos

Solo fue una pregunta. Fue inocente, incluso, nacida de mera curiosidad. Pero fue eso lo que destrozó mis cimientos, lo que derrumbó todo lo que creía ser. Esa pregunta.

Era verano, y el sol brillaba como en una postal barata de un hostel perdido en el tiempo. No la había visto en años. Había desaparecido de mi vida de repente, una pelea explosiva de distancia. Ambos éramos otras personas, ambos habíamos caminado diferentes caminos, pero se entrecruzaron de casualidad, en una plaza cualquiera, en una ciudad cualquiera.

Las preguntas de rigor fluyeron como el agua, ambos simulamos ser felices, una vida perfecta pero llena de agujeros, un salón de espejos angulados para solo mostrar los mejores momentos, con todo lo oscuro escondido en los bordes.

De repente, un escalofrío. Una pausa. Un planeta congelado en el tiempo. No recuerdo como entonó las palabras. Tampoco recuerdo si sonrió, si el aire pasó por la pequeña abertura entre sus dientes frontales, esa que había tenido desde pequeña, si el mundo se tornó oscuro, o si fue mi imaginación hiperactiva escurriéndose entre una realidad resquebrajada.

“¿Cuál ha sido el peor momento de tu vida?” Solo eso. Una pregunta simple. Y no sabía responderla.

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