Una mala mano (Parte I y II)

No debía haber nada en riesgo. Era solo un juego, después de todo. Amigos alrededor de una mesa. Chistes que vuelan, insultos codificados que solo harían reír a los presentes.

Un mero observador podría no darse cuenta del peligro: las cartas sobre la mesa evidenciaban una partida de Poker, pero no había fichas, ni monedas, ni billetes. Un juego casual. Pero ¿por qué entre las caras sonrientes había un dejo de traspiración fría? ¿Por qué había una pausa cada vez que aparecía una nueva carta en el river? ¿Por qué se jugaban todas las manos, sin siquiera un fold?

Había una tensión en el aire, que aumentaba a medida que las apuestas subían. Pero ¿qué estaban apostando? Cada mano perdida volvía a las sonrisas más incomodas, a los chistes más vacuos, a la conversación más lenta. Pronto solo quedó silencio.

El suspiro se sintió en toda la habitación. Era una pausa a un cuadro falso, una quebradura en un cuadro perfecto, un silencio en una ciudad de ruido infinito. Un dos de diamantes y un siete de trébol. La peor de las manos, la que nunca se juega. Pero, con un dejo de tristeza en los ojos, participó en la apuesta. Cuando el flop reveló un rey de diamantes, una reina de corazones y un as de trébol, aumento su apuesta, con un dejo de resignación.

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