Lo que queda de mí

Todavía recuerdo la campanilla de ese ascensor. El sonido de aquella máquina, al lado de la cama. Recuerdo la luz, cambiando de verde a rojo. La bicicleta, volando en el viento. El columpio que todavía se impulsa con el viento. Los pocos centímetros de aire. El brillo opaco de aquella chapa que dejé hace un año, la sonrisa triste de alguien que ya no veo. También recuerdo una sonrisa radiante, unas palabras de ánimo, unas tabletas dobladas que tomo con agua antes del desayuno. Son tantos recuerdos, que no se como caben en mi cabeza. Son tantos, que me desbordan.

De ese desborde, nazco. De ese desborde, continua el río de mis pasos. Navego en mi mismo, una nave decrepita pero bella, y no entiendo mis pasajes invisibles. No es una casa, son dos. No son dos, son tres. No son casas, son islas, rodeadas de mar inclemente. Soy yo, atrapado en la corriente. Soy yo, encerrado en una isla. ¿Qué quiero decir? No sé. Quizás explicar que soy más que una suma de eventos, que una multiplicación de recuerdos, que una nave construida de ramas rotas, que palabras amontonadas en palabras. Soy tinta, soy agua, soy yo, soy tú.

2 comentarios sobre “Lo que queda de mí

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