Templario por un día

Los momentos felices de mi adolescencia se sienten como otra vida, como algo que no me pertenece. Están tan lejos que son difusos, que parecen humo. Es por eso que debo recordarlos, porque pueden perderse, porque puede que el humo se disipe. Justamente ahora me asalta uno, y siento que debo contarlo.

Debo haber tenido 15 años. Era semana de alianzas en mi colegio, y uno de los concursos era de disfraces y yo, yo quería ganarlo. Mi madre, con mucho más esfuerzo del que pude apreciar en ese tiempo, me consiguió el mejor disfraz posible, en mis ojos jóvenes: una túnica de templario, adornada con una cruz roja. Era perfecto. Ahora si solo tuviera una espada y un escudo…

A pesar de no poder conseguir lo que buscaba, la llegada al colegio fue, por una vez, feliz. No podía esperar a mostrar mi disfraz; a sentir que, por una vez, iba a ser mí día. Y lo fue, al menos para mis ojos jóvenes. Mis amigos elogiaron mi disfraz, y yo sentía que todo el mundo me miraba con admiración. En esos días, no conocía la envidia.

Las cosas cambiaron cuando me lo encontré a él. Estaba un curso abajo del mío, pero habíamos conversado antes, así que lo saludé, y no pude evitar notar que, a pesar de no tener disfraz, llevaba una espada y un escudo. Eran reales, de metal, tan reales que parecían falsos. Era todo lo que me faltaba.

Él me dijo que su papá coleccionaba espadas y escudos, que se los había prestado para el concurso, pero que, sin un buen disfraz, le era imposible ganar. Y como por milagro, ambos estábamos en el mismo equipo. En un acto de generosidad, me prestó ambos implementos. Y con ello, fui templario por un día.

El resto del día es difuso, se pierde en la niebla de la memoria. Se que ganamos el concurso, que recorrí el colegio con mi disfraz y me pidieron que parara porque asustaba a los niños más chicos. Qué ese día finalmente terminó, como todos los días, a pesar de mis ruegos. Y qué el siguiente día todo volvió a la normalidad, y la gloria de ese día pareció disiparse. Pero, en mi corazón, todavía queda algo de ella.

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