Algo que decir

Hay tantas cosas que quiero decir, pero no puedo. Algunas no pueden ser escritas, y solo pertenecen a quien debe escucharlas. Otras son fríos secretos, conocimiento prohibido que solo puede arruinarme a mi mismo. Unas pocas son silencios llenados por años, un eco infinito donde no debería haber eco, una cama de palabras donde no debería haber palabras.

Hay tantas cosas que quiero decir, pero no debo. Mi silencio fue comprado con confianzas, con favores, con miedos, y decirlas me hace responsable de un odio que no es mío, sino de muchos. ¿De qué me sirve rasgar las paredes de una confianza implícita? De mucho, al parecer, porque las palabras roen las paredes, forman un atasque de palabras donde no debería haber palabras.

Hay tantas cosas que quiero decir, y solo pienso. Mi mente es un pasillo largo, donde las palabras se archivan en rincones infinitos. Olvido tanto como recuerdo, recuerdo menos de lo que vivo. En el pasillo, infinitas puertas. En las puertas, infinitos caminos. Caminos que se extienden, pero que no recorro. Caminos que se bifurcan, pero que no conozco, una ruta donde no debería haber palabras.  

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