Venthdell Heroes: Una escalada difícil

El viaje había sido largo. La montaña era muy escarpada, y la armadura pesada de Sella la dejaba constantemente en peligro. Le dolía quedarse atrás, depender de la ayuda de los demás cuando estaba acostumbrada a lo contrario. No estaba acostumbrada, además, a los movimientos precisos de un cazador experto como Keiro, quién siempre estaba adelante, dando instrucciones y avisando sobre las dificultades que venían. Sentía admiración, pero no podía evitar, muy dentro suyo, los dolorosos y quemantes ojos de la envidia.

Suspiró con fuerza cuando al fin alcanzaron una de las cimas. Keiro sugirió descansar, después de todo estaban todos cansados, y un lugar donde poder acampar era una rareza en esta altura. Todos estuvieron de acuerdo, aunque Aika solo lo hizo a regañadientes. Ya se habían atrasado un par de días, y no quería dañar la reputación del grupo con el gremio, pero sabía que, a estas alturas, era inevitable.

Las carpas ya estaban listas poco después. Más tarde, con la noche aproximándose, una fogata. Finalmente, oscuridad, y todos durmiendo. Excepto Sella. Se daba vueltas y vueltas, pero el sueño no llegaba. En su mente se repetían todas las veces que había fallado, todas las veces en las que no pudo proteger a alguien. Era inevitable, nadie podía salvar todas la vidas. Pero dolía, como dolía. Odiaba fallar.

Sus recuerdos amenazaban con destaparse. Tenía que distraerse con algo. Decidió salir, quizás respirar el aire nocturno la calmaría.

Él estaba sentado frente a lo que quedaba de la fogata, con los ojos perdidos en el humo. Tenía una daga en sus manos, y jugueteaba con ella. Nunca lo había visto así. Generalmente era decidido, animado, y parecía preparado para cualquier cosa. Excepto… excepto la vez que habían peleado con ese oso. Esa mirada, llena de cansancio. Esos ojos perdidos. Si, lo había visto fugazmente, antes de que se recuperara. Por alguna razón, sintió que alguna vez ella había tenido esa misma mirada.

Se dio cuenta, ante esto, que no conocía bien a Keiro. Era un buen líder, considerado, centrado en proteger a sus aliados, y un buen combatiente. Pero ¿y su pasado? ¿Qué motivaciones lo llevaban a dirigir al grupo? ¿Por qué parecía obsesionado en evitar que alguien resultara herido? Por un segundo, lo sintió parecido a ella.

Se acercó. Keiro reaccionó rápidamente ante el ruido de sus pasos, tomando posición de combate, pero se calmó cuando noto que era ella. Sus ojos recobraron su centro, y en su rostro se esbozó una sonrisa. Él habló primero.

“¿Tampoco puedes dormir? Te entiendo, es difícil acostumbrarse a la presión en las alturas. Puedes sentir que te falta el aire…”

Ella no pudo evitar sonreír de vuelta. “No exactamente. Son más bien recuerdos. Y…” Dijo Sella, mientras se acercaba un poco más “La manera en que manejas esa daga me hace pensar que te pasa lo mismo”

Keiro bajó la mirada. Era cierto. La extrañaba. Marie, la única persona que había podido sacarlo de su estupor, la única que logró que volviera a dirigir a un grupo. La daga era, al mismo tiempo, un ídolo que le daba confianza y un recuerdo de sus errores. Sintió ganas de redirigir la pregunta, o de incluso rechazarla de plano, pero respondió, con una sonrisa triste:

“Si. Esta daga me recuerda a alguien muy importante, me ayuda a entender lo que debo hacer. Perdona que no entre en detalles, ha pasado poco tiempo y…”

Sella sonrió como solo ella sabía hacerlo. Era de esos gestos que te llenaban de esperanza, que te incitaban a seguirla a donde fuera. Como ver el sol directamente sin quemarse los ojos. Keiro apreciaba esa sonrisa. Luego, dijo:

“Creo que ahora te entiendo mejor, Keiro. Somos más parecidos de lo que creía. Eres tan capaz, conoces tantas cosas que yo ni siquiera comienzo a entender. Sin embargo, también llevas tu pasado en la espalda. Quizás todos lo hacemos.”

Keiro no pudo evitar que su tristeza se dispersara. ¿Ella, la persona más optimista que alguna vez había visto cargaba con un peso similar? Si, tenía razón. Respondió:

“Que difícil es entender a los demás. Nada es lo que parece, hay tantas cargas invisibles que no mostramos, o que no queremos mostrar. Gracias, Sella. Me recuerdas que esta daga también tiene recuerdos felices, indispensables, junto a los tristes.”

“No, gracias a ti, Keiro. Tus palabras me dieron el sueño que estaba buscando. Vuelvo a dormir. ¡No te quedes hasta demasiado tarde!”

Sella volvió a su carpa. La envidia, quemante, se había convertido en confianza. A veces era bueno dejarles a otros la responsabilidad, cuando eran capaces. Y sabía que Keiro no estaba dispuesto a fallar.

“Es un mejor líder de lo que él mismo cree”, pensó, cuando el sueño estaba por alcanzarla. Y durmió mejor que nunca, con sueños cargados de recuerdos.  

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s