La maldición (Parte I)

*

Todo empezó una tarde de verano, la tarde en la que encontré la caja. Ella había muerto hace unos pocos años, pero el papeleo había durado más que su agonía, y recién ahora podía revisar lo poco que quedaba en su vieja casa. La chapa giró con un chirrido lleno de nostalgia, y la puerta se abrió.

El salón principal estaba cubierto por una fina capa de polvo. Los muebles estaban ocultos por mantas blancas, así que decidí dejar su revisión para después: no quería levantar todo el polvo acumulado descubriendo cada uno de ellos. Avancé con cuidado. De la cocina no quedaba nada, los parientes se habían llevado todos los artilugios de valor. Malos recuerdos amenazaron con volver a mi cabeza, así que fui donde realmente me interesaba: el ático. Era un sitio de escondites, un sitio de juegos, un sitio de memorias que eventualmente se perderían.

El polvo era mucho más grueso. Parecía como si nadie hubiese entrado en años. Me cubrí la boca y avancé. Si recordaba bien, cerca de la ventana había un velador. En el tercer cajón, que parecía atascado, había una caja. La caja que mi abuela me prohibió abrir, cuando la encontré. Ese era el tesoro que quedaba en la casa, y era mío, mío por derecho, mío por obligación. Me la llevé.

2 comentarios sobre “La maldición (Parte I)

Responder a Gloriosa Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s