Un consejo (Parte I, II, III y IV)

I

“Sé que tienes que irte. No vine a pedirte que te quedes” le dijo, lentamente, y luego tosió con fuerza.

Él lo miró fijamente, y por un segundo pareció que iba a ayudarlo, casi como acto reflejo, pero se controló y frunció el ceño.

“¿Para qué vienes entonces, abuelo?” dijo, algo más fuerte de lo que esperaba. Odiaba no poder controlar sus emociones, odiaba a sus padres por forzarlo, y, quizás como parte de ello, se odiaba a si mismo.

“Lo que quieres hacer es una locura- “comenzó, pero fue interrumpido por quejas. Subiendo el tono, continuó: “Por favor, hijo, espera que termine. Lo que quieres hacer es una locura, si, pero es una locura que te mereces. Mi intención es…” se pausó, y sus ojos reflejaron mil historias, mil recuerdos, mil decepciones. En unos pocos segundos, pareció encontrar lo que buscaba: “Mi intención es darte un consejo”

Todo en el cuerpo de Pi lo incitaba a correr. Su abuelo era sabio, y tenía mucha más experiencia que él. Si su intención era disuadirlo, quizás podría convencerlo. Y no quería ser convencido.

II

¿Qué importaban los árboles? ¿Qué importaba el arroyo con aguas cristalinas? ¿Qué importaban los arcos del templo, imponentes y rojos? El solo podía ver en blanco y negro, solo podía mirar atrás. El reflejo de sus espadas en la luna, el silencio antes del ataque, el crujido de las ramas rotas, el sonido del metal contra el metal. El rojo de la sangre en el piso, el rojo de la sangre en la espada del enemigo, el rojo que se acumulaba en la espalda de su hermano.

¿Qué importaba el mundo? Él había muerto. ¿Qué importaba todo el entrenamiento? Al final, solo importaba el último corte. Podía ver tan solo dos opciones: la muerte, o venganza.

III

“Escúchame, Pi. No quiero decirte que tienes razón, que el mundo está en tu contra, que nadie entiende lo que dices, que estas completamente solo. Solo quiero que tengas en cuenta esto, porque yo no lo entendí: El único golpe que importa es el último.”

Dicho esto, salió de la habitación, sin esperar respuesta. Pi, ahora, sintió todo el peso de la soledad. ¿Qué significaban esas palabras? ¿Por qué no había querido convencerlo? Faltaba algo. Tenía que faltar algo. Si no, ¿por qué se sentía tan vacío?

En su cabeza no encontró respuesta. Tampoco en la habitación. Bruscamente, salió, buscando el aire nocturno, en sus ojos lágrimas involuntarias, en la suela de sus zapatos el peso de buscar su propio camino.

IV

Se había convencido a si mismo de que al menos se había quedado con él hasta el final. Que al menos había sido testigo de sus últimos momentos. Creía que con eso iba a poder superarlo, que los años serían suficientes para atenuar el dolor, manteniendo el recuerdo. Pero se equivocaba. Su muerte era como una herida de guerra, como perder un brazo, o una mano. Se adaptó a vivir con el dolor, pero todavía sentía sus efectos.

Se dio cuenta, con el tiempo, que el mundo no se pausa con la muerte. El tiempo sigue corriendo, e ignora cualquier queja al respecto. Se había quedado con él hasta el final… pero ¿qué pasaba después? ¿Qué pasaría con su vida?

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