Un consejo (parte I)

“Sé que tienes que irte. No vine a pedirte que te quedes” le dijo, lentamente, y luego tosió con fuerza.

Él lo miró fijamente, y por un segundo pareció que iba a ayudarlo, casi como acto reflejo, pero se controló y frunció el ceño.

“¿Para qué vienes entonces, abuelo?” dijo, algo más fuerte de lo que quería. Odiaba no poder controlar sus emociones, odiaba a sus padres por forzarlo, y, quizás como parte de ello, se odiaba a si mismo.

“Lo que quieres hacer es una locura- “comenzó, pero fue interrumpido por quejas. Subiendo el tono, continuó: “Por favor, hijo, espera que termine. Lo que quieres hacer es una locura, si, pero es una locura que te mereces. Mi intención es…” se pausó, y sus ojos reflejaron mil historias, mil recuerdos, mil decepciones. En unos pocos segundos, pareció encontrar lo que buscaba: “Mi intención es darte un consejo”

Todo en el cuerpo de Pi lo incitaba a correr. Su abuelo era sabio, y tenía mucha más experiencia que él. Si su intención era disuadirlo, quizás podría convencerlo. Y no quería ser convencido.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s