Caminos y miedos

Siempre tuve miedo a estar pedido. A doblar en una calle en la que nada parece familiar, en donde todas las casas son distintas, en donde es imposible ver las montañas, en donde las direcciones cardinales se mezclan y parecen no existir. Pero ese miedo es un arma de doble filo. Sin miedo, no existiría esa emoción por conocer lo nuevo, por explorar lo que no hemos visto. No conocer, no saber, es lo que nos lleva a conocer, y a saber. Si lo conocemos todo, si lo sabemos todo, el mundo aburre. Necesitamos el miedo tanto como lo tememos.

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