Secretos en el bolsillo

Noté que Johansen estaba nervioso. Su mirada no dejaba ver sus emociones. Tampoco su postura. Pero la forma que metía y sacaba la mano del bolsillo de su gabardina era para mí, alguien que lo conocía bien, la mejor evidencia. Estoy seguro de que ya había descubierto al culpable. ¿Por qué, entonces, se demoraba tanto en hablar?
En una hora, los sospechosos se disiparían como niebla, esparcidos a todas las direcciones cardinales. 
Esta era su última oportunidad. ¡Habla, Johansen, maldita sea! Una oportunidad como esta no vendría dos veces.
El silencio de la sala, donde se reunían los cuatro sospechosos, lo interrumpió por fin Johansen:
“Si se preguntan por qué los he reunido en esta sala… supongo que no han visto muchas películas de detectives”
El guardia, todavía en su uniforme, rio torpemente, pero los demás mantuvieron su silencio.
“De todas formas, incluso los cinéfilos se equivocan. No voy a revelar al culpable del asesinato de Juan F. Kelly, mayordomo y sirviente del exministro Raúl Kenn. Mi intención es demostrar que este crimen es imposible.”
¡Esto no es una película, Johansen! Estoy seguro de que sabes perfectamente quién es el culpable. Este no es tiempo para juegos retóricos. Tuve que resistir mi impulso de decirle lo que pensaba (y de lanzar más de un improperio). No podía revelar que lo conocía sin generar preguntar incómodas, preguntas cuya respuesta podían decir demasiado de mi posición. Lo miré fijo, revelándole mi enojo, pero solo me devolvió una sonrisa nerviosa.
“Para determinar a un culpable, necesitamos encontrar un motivo” continuo Johansen, mientras caminaba lentamente por la habitación “De todas las personas reunidas aquí, solo dos lo tienen. Primero… Exministro Kenn.
Kenn ya estaba entrado en años, pero todavía le quedaba algo de su imponente presencia e inflamados discursos. Su cara estaba roja, y cuando habló lo hizo casi gritando.
“¡Yo lo llamé, detective! ¡Como se atreve a acusarme! ¿Motivos, yo? ¡Déjese de juegos o salga de mi casa!”
Johansen no se veía afectado por la amenaza. Calmadamente, quizás demasiado, respondió: “Pero si tiene un motivo, señor Kenn. Kelly sabía algo que no debía, ¿cierto?
Kenn casi se derrumba en su asiento. El doctor Braun se apresuró a recogerlo, y expresó con su pequeña voz que este tipo de cosas podían matar a su paciente, que tuviera más cuidado. Johansen lo ignoró y continuó:
“Si… Kelly tenía cierta evidencia. Pero soy una persona discreta, y no diré más. Esa evidencia es motivo más que suficiente de querer asesinarlo. Después de todo, intentó echarlo hace años, pero lo que sabía lo evitaba. Quizás quería liberarse de él, y de lo que sabía, para siempre.”
Kenn intentó decir algo, pero un ataque de tos lo mantuvo pegado a la silla. Johansen esperó a que se recuperara, y antes de que pudiera decir algo, habló:
“Pero a pesar de tener un motivo, es imposible que Kenn cometiera el crimen. Su salud no le permite asesinar a una persona de manera tan precisa, tan quirúrgica. Si atacara a Kelly, las posibilidades indican que el asesinado sería otro.”
El doctor y Tiberius Grey, un viejo amigo de Kenn, intentaron calmarlo. Grey, con un tono más agresivo que de costumbre, preguntó: “Entonces, ¿Por qué lo acusa? ¡¿No ve que la salud de mi mejor amigo está en peligro?!”
Johansen carraspeó, y respondió: “Para demostrar que un crimen es imposible, es necesario desarmar cada teoría. No puedo dejar cabos sueltos.”
Grey guardó silencio, pero noté que estaba nervioso. ¿Qué te pasa, Grey? Eres mejor que esto. Estoy seguro de que te entrené para evitar este tipo de errores. A este ritmo, vas a decir demasiado. Procuré no mirarlo, pero un gesto fue suficiente para que se calmara.
“Ahora, si me permiten continuar” se burló Johansen “Queda otra persona con motivos: Miller.”
¿Quién demonios era Miller? Ah, sí, el guardia. Por su manera de moverse, noté que probablemente tenía entrenamiento militar. Lo que tenía en postura y músculos parecía faltarle en inteligencia, sin embargo. Al escuchar su nombre, Miller se levantó, pero no pronunció ni una palabra.
“Si, Miller. Usted odiaba a Kelly. Sabía que tenía algo que obligaba al exministro a tolerarlo, así que no podía alejarlo de su empleador. ¿Qué tal si la paciencia se le agotara, un día?”
“¡S-Señor!” Dijo Miller, como saludando a un sargento “Jamás traicionaría la confianza que el señor Kenn depositó en mi asesinando a uno de sus empleados”
“Exacto” Respondió Johansen “Miller es muy leal al Exministro Kenn, probablemente por los favores que le hizo cuando el ejército lo despidió deshonrosamente por ciertos… crímenes de guerra. La única razón por la que asesinaría a alguien sería si su empleador se lo pidiera. Incluso así, sin embargo, no es posible que lo hiciera. Solo Kenn y Braun tienen llaves a la caseta privada donde encontramos el cuerpo de Kelly.”
Johansen me tenía en ascuas. ¿Qué es lo que estaba haciendo? Estaba seguro de que todo esto era parte de su plan, pero ¿cuál era el plan? ¿Qué quería decirme?
“Dejando los motivos de lado” expresó Johansen “¿Quién podría, entonces, asesinarlo? Los otros dos sospechosos, el Doctor Braun y el señor Grey, no tienen ningún motivo para hacerlo. El doctor Braun, con su conocimiento médico, podría fácilmente lograr el corte que eliminó a Kelly, y tenía acceso a la llave para entrar a la caseta, pero no tiene ninguna razón para hacerlo. La relación entre Braun y Kelly era cordial, pero fría.”
“A donde quiere llegar con esto, Johansen” dije, sin poder contenerme más “¡Si sabe quién es el culpable, dígalo!”
“Paciencia, Inspector. Pronto tendrá la conclusión que necesita… aunque quizás no la que busca.”
Johansen estaba actuando de forma extraña. Todo esto era demasiado teatral, demasiado largo. No era su estilo. La mayoría de sus casos se habían resuelto rápidamente, con el culpable en la cárcel casi de inmediato. Su nerviosismo inicial, esta forma de explicar todo… no podía evitar pensar que quería decirme algo.
“Pasa algo similar con Grey. Es un amigo cercano al señor Kenn, pero ni siquiera conocía a Kelly.” Recomenzó Johansen “Tampoco tenía acceso directo a la llave, aunque, considerando que acompañaba muy seguido a Kenn, podría haberla robado fácilmente. Pero… ¿Por qué matarlo, si no por mera coincidencia? ¿Qué podría buscar Grey con esa muerte?”
Johansen sabía bien quién era Grey. Siempre supo más de lo que debía. ¿Por qué le daba tantas vueltas al tema… a menos que… ¡a menos que!
“Quizás hay algo más en este crimen. ¿No hay nada que le falte, Exministro Kenn? ¿No han llegado amenazas de otras personas?
Si, no había duda. Era una señal. Era él. ¡Era él! ¡El maldito bastardo! ¡El maldito espía que yo mismo había entrenado!
“Porque el ministro tiene muchos papeles que pueden arruinarle el futuro a una gran cantidad de personas…”
¡Deja de ser tan obvio, Johansen!
“Y bueno, muchas personas, incluso las que parecen aliados, podrían querer algunos de ellos…”
Estas demasiado cerca del borde, Johansen, para.
“Pero bueno… en conclusión… Nadie podría haber cometido este crimen. Nadie tiene tanto motivo como capacidad de cometerlo. Es, por lo tanto, el primer asesinato imposible en mi larga carrera. Por eso, y demostrando mi lógica, me rindo. “
Johansen salió de la habitación antes de que nadie pudiese responderle. Me había dado las pistas, y por fin había logrado descifrarlas. ¡Grey, maldito Grey! Johansen no podía acusarte sin revelarte como espía, y por tanto a mi como tu comandante. Robaste esos papeles, y pensabas usarlos para tu propia ganancia, pero Kelly se interpuso ante tu camino. Quizás te vio entrando donde no debías. Quizás te acusó a solas. Tuviste que matarlo. Y ahora tienes los papeles, puedes hacer lo que sea.
Esperé que todos salieran. Ya solos, te revelé que te había descubierto. Luego, una simple excusa, un interrogatorio típico luego de un crimen, y estabas obligado a acompañarme. Hablarías, estoy seguro de ello.
Johansen se fue solo, pero noté una sonrisa en su rostro. Había perdido un caso por primera vez, pero yo y él sabíamos que en realidad había sido su mayor victoria.

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