Ventanas


El ritual para verla es complejo. Tiene que ser de noche, con cielo despejado. Las luces de los edificios deben estar prendidas solo a medias, unos pocos departamentos brillando como estrellas en un cielo estirado y roto, los últimos resabios de una noche que está por convertirse en un amanecer. El ángulo debe ser exacto, pues la manera de mirar altera la ilusión, la desdibuja, la arruina. Si logro seguir los pasos al pie de la letra, si logro sentarme en el ángulo correcto, es posible verla: mi ventana al Caribe. El árbol, típico de Chile, se ve como una palmera. La luz de los edificios la desdibuja, la hace parecer una noche en una playa distante. Pero el sueño me llama. Me paro, y desaparece. Una ventana es solo eso, una ventana, y todo parece distinto ante las garras de la noche.

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