Respira


¿Qué hago aquí? La oscuridad que me rodea es tan familiar, tan íntima, que es como volver al pueblo natal después de décadas de viaje, como sentir ese olor a pasto fresco que solo crecía en las puertas de la infancia, como encontrarse frente a la puerta de una casa que apenas recordamos, pero que sabemos que algún día fue importante para nosotros.
Pero la oscuridad sigue siendo oscuridad. No debería estar aquí. El agua fría toca los bordes de mi traje, mis brazos me impulsan como recordaba que debían impulsarme. Hacía abajo, más abajo, casi tocando el fondo, en búsqueda de un tesoro que nadie busca, pero que yo había buscado, tantos años atrás.
El agua siempre me había atraído, desde pequeña. Los baños eran mi actividad favorita. Cuando aprendí a nadar, era casi imposible sacarme del agua. Y como fanática de vivir bajo el agua, no pude evitar estar atraída por el mar, en especial por sus peces. Mientras más raro el espécimen, más quería buscarlo bajo el agua. Mientras más colorido, más quería verlo en su entorno natural. Esa pasión me llevó al buceo, esa pasión casi me mata, esa pasión es hoy miedo.
No es justo. Me cuesta creer que un gusto inocente me haya llevado a esto. Recuerdo el incidente con tanta nitidez que me cuesta mantener mi ritmo. Si cierro los ojos, puedo ver los ojos amarillos del pez, sus escamas coloridas como un arcoíris, sus movimientos, casi erráticos, mientras nadaba hacía el fondo. Recuerdo las algas en el fondo marino, recuerdo que se veían como un extraño bosque que nacía desde el suelo. Recuerdo que el pez desapareció entre ellas. Recuerdo mi pie atado entre ellas. Recuerdo la desesperación, la falta de aire, el indicador del tanque que rápidamente se movía a vacío.
Abrí mis ojos, bruscamente. El tanque estaba casi lleno. Lo único que quería era volver, pero en la superficie solo esperaban barcos llenos de gente con pistolas y sonrisas burlonas y amenazantes. Abajo, abajo estaba el peligro, pero también la posibilidad de escapar. Debía encontrarlo, esta vez.
A diferencia de la primera vez, bajé lento, cautelosamente. El pez no estaba por ninguna parte. Busqué entremedio de las algas, pero luego de 30 minutos nada había aparecido, y el estanque de aire, que no había sido llenado por completo, para no escapara, marcaba su último cuarto. Tenía solo unos diez minutos. Si me demoraba más, sería imposible volver a subir.
No podía desesperarme. La desesperación costaba aire. Quería volver. Todo mi cuerpo me pedía volver. Pero sabía que solo me mandarían de nuevo, que debería enfrentar mi miedo una vez más. No pude aceptarlo. Seguí buscando, y en el borde del bosque de algas descubrí un risco, una pequeña abertura donde apenas cabía un humano. Miré hacía abajo, en desesperación. Respirar comenzaba a ser difícil, y la aguja casi marcaba el rojo. Todo era negro, pero un brillo, como un arcoíris, se vio apenas por un segundo.
Rasmillé todo mi cuerpo, pero logré entrar. A mi alrededor, todo era negro. La oscuridad que me rodeaba ya no era familiar. Era tan oscuro que llamar a algo oscuro antes parecía ridículo. Pero abajo, siempre más abajo, algo parecía brillar. Intenté bajar, pero no podía distinguir que era arriba y que era abajo. Mis pulmones se sentían a punto de explotar, el indicador descansaba en la barra roja del estanque, inmóvil. 
 Cerré los ojos. Miles de peces explotaron ante mi vista. Ya no sentía mi cuerpo. Estaba cansada, tan cansada
T
                A
                               N
                                               C
                                                               A
                                                                               N           
                                                                                              S
                                                                                                              A
                                                                                                                              D
                                                                                                                                              A
Que ya no puedo.
Ya no puedo…
Despertar.

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