Una llamada


Me llama el silencio. Me llama inmóvil, como una llama congelada en el tiempo. Me susurra, paciente, cruel como una serpiente. Se arrastra, invisible, y me habla al oído.
“No sigas” me dice, tentándome “Tus palabras ya no sirven”. Lo ignoro, pero todavía hay días en los que el peso del mundo se viene encima, donde todas las palabras parecen fútiles, donde escribir se siente inútil, tan inútil como un grito en el espacio.
Cada historia es un grito. Cada palabra una rebelión contra el silencio. Cada pensamiento escrito es una alarma, cada silaba la forja de mi propio argumento.

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