Un espacio

Es una paradoja: viene navidad, pero no quiero escribir sobre ella. No es que sea un grinch, alguien que odia estas fiestas y solo quiere ignorarlas. Me gusta la navidad. Es un momento interesante del año. Pero, por alguna razón, siento que hablar de ella es demasiado mundano, demasiado obvio, demasiado poco sutil. Al sentir eso, sin embargo, estoy negando la existencia de un sentimiento que va más allá del marketing, más allá de las postales y de los regalos: sentir que hay, en alguna parte del mundo, un espacio reservado para nosotros. Un lugar cómodo donde nos acepten, donde la navidad signifique algún orden en el mundo.
Muchas veces, ese lugar no existe. La familia, esa tradicional, es un nudo de contradicciones donde cada tradición puede ser impuesta, donde el cariño y los regalos sean una obligación que cumplir más, una compra en un mall lleno de gente con mala cara, un salón de espejos donde la felicidad es un mundo de plasticina, donde todos tienen un rol que cumplir pero que nadie quiere hacer, y se mantiene por inercia, porque cambiar las cosas toma más esfuerzo que ignorar lo mucho que nos molesta el status quo.

Feliz navidad, o fiestas, entonces. Mi único deseo es que esa parte “feliz” de la navidad se haga verdadera, donde quiera que estén, sean quienes sean. Espero seguirlos viendo, porque yo seguiré escribiendo. 

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