Lo último que se pierde

La torre es oscura. El aire huele a tierra vieja. Como única luz, una vela apenas flamea en el borde de la pared de roca gris. Tengo frío, pero no es la primera vez que decido leer en la oscuridad. No es la primera vez que el aburrimiento amenaza con matarme, que leer es la única forma de seguir viviendo. Pero esta ocasión no fue suficiente. Desesperado, camino de lado a lado, rápido, cada vez más rápido. Algo me hace mirar hacía la pequeña abertura que solo da a negro, esa ventana que ni siquiera me deja ver las estrellas. Meto la mano dentro del agujero, sabiendo que no hay nada al otro lado, pero si lo hay. Un cosquilleo suave roza mis dedos. Son pétalos. Una flor había crecido en el borde de la ventana. Recordé, entonces, que todavía había esperanzas. Y ese recuerdo fue más doloroso de todos… 

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