Entre emociones y colegios, tercera parte

[Este post es el último de una serie sobre mis tiempos colegiales. Se puede leer perfectamente por sí mismo, pero recomiendo leer los anteriores.]
El cambio a mi último colegio fue distinto al anterior, por dos razones principales. En primer lugar, fue la única vez que mis padres me preguntaron si estaba dispuesto a dejar el colegio en el que estaba. A pesar de que me había adaptado decentemente a la vida colegial durante mi estadía, pensé que un cambio completo me haría bien, que podría presentarme como otra persona, distinta a la que era. En segundo lugar, tan solo quedaban dos años más para salir del colegio. La presión por la prueba de selección universitaria (en Chile, se llamaba PSU en esos tiempos) golpeaba con fuerza. A pesar del corto tiempo que pasé en él, en este colegio fue donde mejor lo pasé.
Mis compañeros de curso, con grupos ya bastante armados, me recibieron sin demasiados problemas, y pronto fui parte de un grupo. Fue la primera vez que mi lejanía y mi forma de ser amigo de todos, pero buen amigo de nadie se disipó. Este tipo de adaptación duró poco, sin embargo. Como cualquier joven de la edad (unos 16-17 años), los conflictos y los insultos eran pan de cada día. Durante esos años de rebelión (que puede notarse o no, dependiendo de la persona, pero que siempre existe) se descubre y se aplica la capacidad para ser crueles, pero todavía somos demasiado jóvenes para notar las consecuencias, pero hoy las noto y me arrepiento.
Como me gustaba mucho leer y saber todo tipo de cosas (consecuencia de la lectura no solo de libros sino de enciclopedias y de cualquier cosa que pudiera alcanzar con mis manos), tendía a ser siempre la persona con el dato curioso, pero un día esto me jugó en contra: dije un dato erróneo y confuso, y uno de mis amigos del grupo me inventó el alias de mentiroso. Ahora, ese alias definiría mis acciones, cambiaría mis interacciones con los demás, y me causaría muchas penurias. Probablemente ni siquiera se dio cuenta del daño que me causó, ya que para él era solo una broma, una diversión temporal que no significaba nada. Quizás cuantas veces, al decir alguna cosa o molestar a alguna persona, yo he hecho lo mismo. La vida, en parte, es una colección de consecuencias de las que no nos damos cuenta. A pesar de que en estos días estoy peleado con esa persona por otras razones completamente distintas (aunque probablemente sus bromas anteriores afectaron mis ánimos), no lo culpó.  Todos hemos sido el villano de otras historias.
Mi cuarto medio en el colegio lo pasé jugando ajedrez y Magic (el juego de cartas), esforzándome muy poco en mis notas y aún menos en la PSU. Al ser el último momento de estadía en el colegio, se perdonaban muchas cosas, y es por eso que logré pasar. Unos pocos meses antes de la PSU tuve que ponerme las pilas, y gracias a eso logré puntajes decentes y entrar a Literatura, como quería, generando otros cambios y otros conflictos, que dejaré para otro post.

Con esto, estimados lectores, saben mi historia colegial. Espero que les sirva para comparar experiencias, o para reflexionar con su propia historia. Gracias por leer.

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