¡Diez mil visitas!

Hoy, mis estimados y estimadas, les traigo un post muy especial. ¿Por qué? Porque hoy celebramos (si, les hago esa invitación) las 10.000 visitas que han llegado a este blog. Quién sabe por qué se han pasado por estas ventanas digitales, quién sabe quiénes son o donde viven. Eso, en la internet, es muy difícil de averiguar. Pero no importa: tomaron la decisión de pasar por aquí, quizás leyeron un post o un par de palabras, quizás incluso revisaron el archivo. A cada una de aquellas personas, les agradezco muchísimo.
Ahora bien, para celebrar la ocasión, que es vitalmente importante para mí, me gustaría hablarles de mi viaje como escritor. Como comencé, cual es mi proceso creativo, que he hecho hasta ahora, y por qué la escritura ahora es parte de lo que soy. Ajusten sus cinturones, que esto puede ser largo.
Antes de narrar los orígenes de mi escritura, me gustaría plantearles mi proceso creativo. Mis ideas a veces llegan de forma espontánea, pero en la mayoría de los casos veo una cosa o a alguien, y eso me da una idea. Daré un ejemplo: Cuando voy a trabajar, paso por una autopista, y tengo que salir en la salida… digamos, 19. Pero pasa que en la autopista no hay una salida 20. Solo hay una 21 y una 19. En un principio, pensé que la salida 20 estaba al otro lado, pero al buscarla, tampoco existía. Esto me deja una idea en la mente: alguien perdido en la salida 20, una salida que no existe. Con esa idea planteada en la cabeza, la escribo en mi libro de notas e ideas (sí, tengo uno de esos). Luego, si quiero escribir una historia, escribo un pequeño “outline” de cómo me gustaría que partiera o terminara. Este generalmente tiene una línea o dos, algo así como “Protagonista está manejando un auto, perdido. Las calles le parecen conocidas pero diferentes, extrañas. Protagonista no puede salir cuando se da cuenta que está atrapado entre salidas.” Con esa descripción, escribo la historia. Luego, la releo y corrijo. Esto puede tomar entre 4 y 7 horas, en promedio.
Con esto dicho, les cuento que desde que aprendí a leer (a los seis años, gracias a la influencia de mi madre y un silabario) estuve muy interesado en las historias. Incluso durante mis primeros años colegiales, pasaba bastante tiempo en la biblioteca, leyendo todo lo que podía alcanzar. Una gran influencia en mis gustos fueron los mitos y las leyendas, que me interesan hasta hoy. Cuando “me invitaron” a irme de mi primer colegio, y al perder cada una de mis antiguas amistades, me cerré muchísimo. Mis intereses se asentaron, y pasé gran parte del tiempo leyendo en soledad en la biblioteca. Fue en esos momentos que comencé a escribir un poco más seriamente.
Durante esa época, me sentía muy inútil, como si haberme ido de mi primer colegio me marcara como un paria, un rechazado. Cuando mis cuentos y poemas comenzaron a sacar elogios y aplausos de tanto mis profesores como mis compañeros, decidí enfocar todo mi esfuerzo en ellos. Comencé a experimentar, a intentar cosas nuevas, a incluir géneros que no había tratado aún. Los cuentos de Cortázar y sus finales golpeantes e invertidos me invitaron a imitarlo. El terror, la ciencia ficción y los cuentos de detectives de Poe tomaron mi imaginación y mis miedos y los convirtieron en historias. Los libros de “Elige tu propia aventura” me dijeron que había más de una forma de leer y de contar un cuento. “El señor de los anillos” y “El Hobbit” me introdujeron en una ola de aventura épica de la que todavía no he salido (Y la que nunca he podido escribir bien). Mi escritura cambió, se moldeó por cada uno de los libros que leía. Y sí que leía. Incluso los libros asignados por el colegio. Debo haber sido de los pocos alumnos que leyó todos los libros recomendados por los profesores, sin buscar resúmenes. Era tanto lo que me gustaba escribir, que incluso imprimía mis historias para entregarlas a mis vecinos para que las leyeran.
Este enfoque, sin embargo, hizo que gran parte de mi orgullo personal dependiera de como escribía. Nunca me sentí bueno en alguna cosa que no fuera escribir, olvidando que nadie nace bueno en algo. Esa escritura, esa lectura, fueron las únicas dos cosas que realmente puse en práctica, que desarrollé realmente. A pesar de tener un interés en la música y en el dibujo, siempre pensé que era pésimo en ambas cosas. Mis amistades fueron… indirectas, asentando mi introversión aún más.
Cuando llegó el segundo cambio de colegio, decidí ser distinto, conseguirme verdaderas amistades. En parte, lo logré, a pesar de ciertos conflictos con miembros de mi grupo de amigos que se mantienen hasta ahora. En esos últimos años sentía que mi escritura había madurado lo suficiente como para dar consejos a los demás. Estoy seguro que me equivocaba. Fue en aquellas épocas cuando decidí enfocarme en cuento, porque mi poesía simplemente ya no me convencía.
Cuando fue tiempo de dar la PSU y decidir que estudiar, no me fue difícil elegir mi carrera: Literatura, obviamente, iba a ser mi elección. Postule a mi carrera sin pensar demasiado en las consecuencias (Principalmente, la búsqueda de trabajo y el bajo sueldo, elementos que volverían a atacarme ya egresado y titulado). Era lo que me interesaba, incluso si no tenía idea que iba a hacer con ese título bajo el brazo.
Entrar a la universidad fue como tomar la lupa que me centraba en mí mismo y mis lecturas y moverla hacia arriba. Descubrí que el mundo, tanto literario como “real”, eran mucho más amplios de lo que pensaba. Mis lecturas, que antes consideraba variadas, eran nada ante el universo de libros que ahora debía leer. Mi velocidad de lectura, antes bastante rápida, tuvo que convertirse en un jet. Mi escritura, antes segura de sí misma y centrada demasiado en mí mismo, ya no parecía tan buena como antes. Había otras personas tan o más capaces que yo, impulsando un cierto odio a mí mismo, pero también una necesidad imperiosa de mejorar.
Fue durante esos tiempos universitarios cuando comencé a mantener un blog. Ese blog, ahora increíblemente vergonzoso para mí, fue el prototipo que se convirtió, más tarde, en este, el que leen ahora. Contenía, en su mayoría, reflexiones más espontaneas, criticas generales a la sociedad o a personas que me caían mal, y algunos cuentos y ensayos. El blog actual cortó todo lo anterior, y se enfocó en los dos últimos puntos: cuentos y ensayos.
Luego de una gran cantidad de años en la universidad (influenciados en gran parte por un cambio de universidad. Sí, soy una persona de muchos, muchos cambios) me di cuenta que lo que yo tomaba como buena escritura era escritura mediocre, que todavía me faltaba práctica, que este camino no termina, que siempre hay que seguir escalando. También descubrí que me gustaba escribir ensayos, no solo como obligación, sino como un hobby. Exponer mis pensamientos, dando una opinión que puede ser correcta o no, se convirtió en una de mis actividades favoritas
Cuando me ofrecieron escribir una novela como tesis, accedí de inmediato. Y estuve un año peleando con mi mismo y mi profesor de tesis (Que tuvo una paciencia y un ánimo increíbles. ¡Gracias!) para terminarla. Gracias a eso, logré encontrar un cierto estilo que puedo llamar propio. Y aquí me tienen, updatando un blog cada semana.

De verdad, le agradezco a cada uno de ustedes su visita. Es saber que soy leído lo que me mantiene escribiendo, todavía. Este es, sin duda, el post más largo que una vez he escrito, así que gracias especiales a lo que lograron llegar al final. Nos leemos la próxima semana, donde terminaré mi especie de crónica de mis colegios. Gracias por leer.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s