La llave y la manzana

Todo comenzó con el sonido de un celular en la biblioteca, seguido del “shh” de decenas de personas enojadas. Su frustración y sus llamados al silencio no lograron mucho, sin embargo, ya que nadie podía encontrar la fuente. Luego de diez segundos de timbres continuados, se hizo el silencio, y la mayoría olvidó el incidente. Yo, sin embargo, decidí que encontraría el culpable. No esperé, sin embargo, encontrarlo de inmediato: un iPhone arriba de un librero, con un mensaje brillando en la pantalla: “Tómame”. Al levantarlo, algo que brillaba golpeó el suelo. Una llave. Ahora me tocaba buscar la puerta.

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