Escribir mejores historias: segunda parte.

Si quieren leer la primera parte, hagan clic AQUÍ 


Escribir una historia puede parecer algo fácil a primera vista, en especial para alguien sin experiencia en el tema. Lamentablemente (o quizás por suerte) es posible darse cuenta que esto no es cierto. Sin siquiera tomar en cuenta el ya archiconocido “síndrome de la página en blanco”, donde el escritor se enfrenta al abismo que es una página sin llenar, existen una serie de dificultades complejas de ver cuando se quiere redactar un buen texto. Intentaré analizar algunos de estos elementos, dando sugerencias para mejorar y así escribir mejores historias. Cada semana hablaré de uno de estos elementos. El segundo es el siguiente:


2. Darle importancia a la historia que contamos, sin fijarnos en la forma.

A veces creemos que tenemos la historia de nuestras vidas. Una idea, casi como la caída de un rayo, se ha posado en nuestra cabeza. Es algo grande, la mejor idea que hemos tenido. Es tan, tan buena, que no importa que hagamos, lo que escribamos será una obra maestra. Lamentablemente, como un cuaderno de escolar en su último año, lo único que logramos escribir está lleno de faltas de ortografía, saltos conceptuales y dibujos al margen (ok, esto último es solo de escolares).

Escribir, como nos daremos cuenta a medida que pasa el tiempo, es mucho más que una idea brillante. No se puede negar que una idea de esas ayuda muchísimo a cualquier obra, pero, y esto es vital, un escritor maestro puede hacer la peor de las ideas algo interesante. ¿Cómo es posible lograr eso? Escribiendo con excelente ortografía, eligiendo las mejores palabras posibles, haciendo que la trama se mueva de forma interesante, agregando algo único que solo el mismo escritor puede entregarnos. Cada escritor tiene una forma distinta de lograrlo: un estilo, una formula, un dialogo. Para lograr esto, es necesario, primero, practicar. No todas las historias que escribimos están pensadas para que todos las vean. Algunas son borradores, piedras en las que ponemos los pies para escribir algo realmente bueno. Para que esta práctica sea más fructífera, leer es altamente recomendable. Si nos gusta un autor, podemos preguntarnos qué es lo que hace que nos guste. ¿Por qué lo que nos gusta es atrapante? A veces, como R.R. Martin en “Juego de Tronos”, son los diálogos y los personajes puestos en situaciones difíciles lo que nos mantienen en el borde de nuestro asiento; a veces, como con Kafka, es la desesperación que genera el libro lo que me impulsa a seguir. En Poe, es su impresionante análisis de los terrores humanos ocultos que se esconde en las paredes de sus historias. Gracias a todos los autores que nos gustan, podemos encontrar lo que va a atraer a los lectores a nosotros, eso especial y único en nuestras letras.

Ahora bien, esto no significa que descartemos las buenas ideas. Una excelente historia, un escrito que supere el paso del tiempo y se quede en la mente de los lectores para siempre requiere una mezcla de ambas cosas: Una idea excelente y una muy buena forma. Es necesario fijarnos en ambas. No olvidemos la forma por el fondo. Ambas cosas son vitales para una buena historia.

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