La vida cambia



La vida en general es impredecible. A veces puede parecer que todo va a seguir un solo camino, que tenemos todo controlado, pero siempre hay algo que cambia las cosas, que llega de repente, agitando y cambiando para siempre lo que conocíamos. La muerte de mi madre fue uno de esos golpes. Hoy, cuando se cumplen poco más de dos meses, puedo ver los ripios y las quebraduras que deja su falta.


Lo primero que cae sobre todos nuestros hombros son los trámites. Uno creería que la muerte de una persona es una excelente excusa para que la burocracia sea rápida y eficiente, pero se equivocaría horriblemente. Hay tanto que revisar, tanto que cobrar, tanto que revisar. Una vida que parece estable se inestabiliza, haciendo temblar los cimientos, obligándonos a madurar, a ser más fuertes.

Los tiempos en los que debería haber más unión, sin embargo, son siempre los más peligrosos. Los roces que existían antes, mitigados en parte por una estabilidad pasajera, eminentemente temporal y efímera, explotan cual gasolina ante una llama. Personas distintas, en distintas etapas de la vida, con creencias variadas, manifiestan ahora sus diferencias. Peleas, gritos, discusiones cíclicas sin solución, sin ceder, terminan en tristeza, en la conclusión de que el mundo no tiene nada permanente, que no hay a quién echarle la culpa de algo naturalmente injusto. En nuestras mentes todavía se mantiene el fantasma del recuerdo.

Las memorias son un rastro, un veneno amargamente dulce que aparece como un filtro ante los ojos, manifestándose sin advertencia ante comentarios que parecen irrelevantes. Una fecha al azar trae imágenes de una felicidad inalcanzable, de una presencia que jamás volverá, al menos no en este mundo. Lo feliz se vuelve triste, un puzle al que le falta la pieza central.

Ahora el futuro es incierto. Pero la verdad quizás siempre lo ha sido, y lo único que cambia es la percepción que tenemos de él. Nos adaptaremos, a pesar de haber cambiado para siempre. Y sentiremos la mentira que es la estabilidad. Un placebo, falso pero útil, que nos impulsa a seguir caminando.

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