Vidas


Todo empezó con una interrogación en una calle desconocida. Bajaba de mi auto y el cuidador me habló, de la nada, y me preguntó que hacía de nuevo por esos lares. Yo, que nunca había estado allí antes, y que solo había llegado siendo guiado por una infinita curiosidad, me quedé en blanco. Pensé rápido, y le dije que mi padre me mandaba siempre por allá aprovechando mis días libres, pidiendo que le hiciera trámites. Inspirado, le dije también que trabajaba como profesor universitario, y eso me dejaba tiempo para esto.

Mi padre está muerto, y vivo de su herencia. Patrañas, mentiras, quizás preferibles a la verdad. Algo las hace adictivas, y al mismo tiempo, irreversibles. De la nada, mi vida se volvió doble: el que soy y no soy, la mentira y la verdad, dos caras en un espejo.

No pude parar, a la aparición de cada desconocido, durante la formulación de cualquier pregunta, las mentiras se colaban como una catarata. A veces era un vendedor de zapatos, otras un corredor amateur de maratones. Algunas veces, cuando me sentía especialmente osado, me presentaba como un empresario de gran alcurnia, o como un noble extranjero encubierto.

Con el tiempo, las mentiras empezaron a entrar en mis sueños. Las vidas distintas adquirían cada vez más detalle, más color, más brillo. La mía, en comparación, se veía gris, opaca, casi trasparente, como una imagen en una pantalla demasiado lejana. Mis vidas imaginarias eran todo ruido, la mía el sonido blanco de la estática.

Pronto se hizo compulsivo. Comencé a contar mis historias incluso a mis amigos más cercanos, que sabían que eran falsas. Fui abandonado por muchos, algunos me utilizaban como contador de historias. Otros, los verdaderos, incluso derramaron lágrimas. Pero no podía sentir que fueran para mí. Cada espejo tenía un reflejo distinto, cada hora más mentiras. Acompañado, estaba solo. Solo, estaba acompañado de mis mentiras.

Una caminata por la calle dictaminó el enfrentamiento. Cada uno de mis yo pugnaba por ser el verdadero. Diálogos en infinitas direcciones, una variedad indefinible de colores y de argumentos. Los colores chocaron. Los diálogos se unieron en uno. Los colores juntos forman el negro. El sonido unido se convierte en silencio. Era yo mismo de nuevo. Nunca me había sentido tan solo.

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