Puesto de relojes



Son solo un par de metros cuadrados. Una caseta en medio de un mall que ya pocos visitan, un rincón pequeño, el click de las tuercas del mecanismo de un reloj. Ella siempre está en frente, nieve en su cabeza, ojos cansados pero conocedores, la dueña de su castillo de relojes infinitos.

La tienda ha vendido y reparado relojes desde la construcción del mall como un monumento inmutable al tiempo. A pesar de pequeños cambios estéticos, de madera a vidrio, de vidrio a metal, de análogo a digital, la tienda se ha mantenido casi inalterada.

Para la dueña el tiempo es elástico. Pueden pasar horas en las que habla con un cliente, mientras limpia mecanismos, mientras cambia o repara correas rotas, o segundos en los que resuelve varias consultas a la vez, en los que atiende a una lista larga de clientes a los que llama por su nombre de pila, incluyendo hijos, tíos y nietos. Al ritmo de los relojes, la doctora reloj repara, analiza y devuelve; discute, comenta, y resuelve.

El último reloj que le entrego es un recuerdo, una memoria perdida entre años de eventos paralelos. Con un pequeño martillo, ella lo abre, lo prueba, lo limpia, y lo repara. Ahora es el mismo recuerdo, pero otro, un recuerdo que siempre contendrá un tic tac.

Un comentario sobre “Puesto de relojes

  1. El reloj de la vida trae consigo a su relojera que da cuerda al corazón. Extraño! Si en vez de esperar que la relojera de cuerda aplique la oportunidad de un marca paso, para prolongar y extenguir el trabajo de la relojera.

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