Vagones



He visto tantos metros pasar, tantas horas de viaje. Hace mucho tiempo la impaciencia carcomía mis huesos, las ganas de llegar sin sentir los movimientos del viaje. Pero un viaje no es tiempo vacío. Sin la espera la llegada es mucho menos dulce. Con los años, las personas, las estaciones, la confusión de colores por el cambio de línea, se convirtieron en mis compañeros más sabios. Ahora, doblado por el peso de la vejez, realizo mi último viaje, dándome cuenta que llegar se convierte en lo más triste, que llegar implica estar parado para siempre, que extrañaré cada viaje.

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