Música Perdida


Realmente, la memoria es una línea de historias inconexas, que juntas forman parte de una vida. Los recuerdos varían en su estilo, en su forma, en su gatillo. Existen recuerdos felices, que nos hacen sonreír cuando revivimos sus imágenes, o recuerdos emocionantes, que nos devuelven el vértigo en el estómago. Con el tiempo, sin embargo, he descubierto que los recuerdos tristes o devastadores son los que quedan más marcados.

Todavía recuerdo muchos años de colegio, una época de altibajos, con muchos más lagos que montañas. Es especialmente fuerte en el segundo de los establecimientos en los que estudié. Entre todo lo que puedo recordar, una imagen destaca siempre. Una frase especialmente hiriente de mi profesor de música.

Empecemos desde el principio, o desde lo que se puede llamar el principio. Eran los últimos años de básica, probablemente octavo. Nunca fui un alumno especialmente destacado. Era bueno en Castellano, y en Inglés, pero en los demás ramos nunca pasé de ser mediocre, o incluso deficiente, probablemente porque nunca fui demasiado esforzado. No sabría explicar por qué las notas me importaban menos de lo que deberían, pero lo hacían. Un ramo en el que era especialmente desdeñoso era música. Me interesaba el piano eléctrico, pero no quería seguir las instrucciones de mi profesor, al que nunca le agradé demasiado. Quizás mi actitud le molestaba, quizás le recordaba demasiado que ser un profesor de música es para muchos un paso intermedio del que no se puede salir nunca, un agujero frustrante del músico que jamás alcanzó una carrera con su arte. O quizás, simplemente y como todo niño, era insoportable a veces.

Un día, un compañero creó una radio en el colegio, que el administraba. A veces me invitaba a acompañarlo, y yo tocaba el piano en segmentos intermedios. No era nada especialmente talentoso, solo dejar que el piano pusiera su acompañamiento, y yo tocando las teclas que mejor sonaban en mi cabeza. Un juego de niños, en el que por un segundo yo podía sentirme un gran músico.
Las cosas cambiaron un día, aunque el tiempo me ha hecho perder el contexto: El profesor me dijo algo, pero no recuerdo por qué. Quizás fue de la nada, algo abrupto. Quizás un día decidí no seguir sus instrucciones tocar lo que a mí me interesaba. Quizás simplemente ya no quería escuchar los mismos acordes repetitivos de la radio. Sus palabras me marcaron, y duran hasta ahora: “¿Crees que lo que tocas en la radio es bueno? Son puras notas repetidas”. Eran notas repetidas, sí, pero eran MIS notas repetidas. Desde ese día nunca más tuve confianza en el piano.

Algún día me gustaría pedirle disculpas, recordarle, echarme la culpa, solo para ver qué tan mal se siente saber que destruyo uno de los caminos de un niño. No soy lo suficientemente altruista para perdonarlo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s