Jesghtalt Origins

Hace algún tiempo mis palabras tenían valor, pero hoy no valen nada: son fuego en el aire, una chispa que dura menos de un segundo y se apaga. Pero esa chispa es todo lo que me queda. Antes tenía otro nombre, otra voz. Antes mis pasos cruzaban otro suelo, antes mis pasos tenían donde volver, una especie de hogar donde estaba rodeado de gente que creía similar a mí. No sabía cuánto me equivocaba. Mi talento para la magia no se activó naturalmente en mi adolescencia, como para tantos otros, aunque desde el principio se reveló mi Talento, potencial en bruto, una llama azul semi-invisible que otros practicantes de la hechicería pueden reconocer fácilmente. Uno de aquellos magos me sacó de mi hogar, una solitaria vida de sirviente con mi madre, y me llevó a la Academia Solaris, hace tantos años que ya no recuerdo su rostro. Tan solo me queda la memoria de sus ojos azules y sus manos destrozadas por años de seguir la voluntad de otros. Sentí que al fin tenía una oportunidad de cambiar mi destino. Tenía razón. En la academia no encontré más que desprecio. A pesar de tener el Talento, solo podía utilizar hechizos básicos a medias. Parecía que no estaba destinado a la grandeza. Como la parte más débil de la cadena, fui forzado de nuevo a estar al servicio de todos. Incluso así, mi vida había mejorado. Tenía algunos amigos, la mayoría tan débiles como yo, y sopa caliente y una cama blanda donde descansar el cuerpo. Quizás si practicaba arduamente algún día alcanzaría a los mejores. Las cosas cambiaron cuando llegó el fuego. Habíamos pasado años practicando, así que al fin era hora de aprender hechizos ofensivos. A punta de puro esfuerzo logré alcanzar los requerimientos mínimos. Recuerdo ese primer día como si fuese un ayer lleno de manchas, no veo sus caras, pero si escucho sus palabras: “Hazlo lento, concentra tu energía en tus palabras. Tu diriges al fuego.” Pero yo no dirijo al fuego. Mi Talento ES fuego. Eso lo aprendí muy tarde… durante ese día. Al principio la flama en mi mano era pequeña, pero algo en mi interior llamaba al fuego, lo hacía crecer. Una fuerza incontrolable dentro de mí me ordenaba aumentar cada vez más la fuerza. La flama se volvió una bola, causando gritos de admiración: nadie lo había logrado en su primer intento. Pero luego esa bola se volvía grande, cada vez más grande, la flama expandiéndose al tamaño de más de tres cabezas. Mis ojos cambiaron a blanco. Ya no veía como otros. Y una voz que se sentía como el calor puro me ordenaba a seguir, debía seguir. No pude rebelarme. La bola se hizo tan grande que ya no podía sostenerla, causando una explosión. Mi mundo estaba en llamas. Y fue así como terminó mi mundo.

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