Metal y azul, parte I

0
A veces veo el cielo. Es un recuerdo antiguo, casi borrado por la niebla de los años. El cielo es celeste, y el sol es infinitamente brillante, cubriendo todo con su luz amarilla. Cuando despierto siempre vuelve el azul.
1
“¡Es la única opción, y lo sabes!”
Mi tono de voz fue más fuerte de lo que esperaba. Debería moderarme. Cuando estaba por explicarle, me interrumpió con tono urgente.
“Todavía tenemos tiempo. No puedo creer que estés tan dispuesto a esto. Podríamos encontrar una cura. ¡Esta no puede ser la única opción! ¡Aplicar el Plan Diluvio es una locura, entiéndelo!”
Lo entendía. No sabía cuánto. Pero solo yo había visto de cerca la rapidez de la contaminación. No había forma de contenerla. No era predecible, no era controlable. Pronto alcanzaría la zona segura. Cuando expliqué la naturaleza de tal expansión ante el consejo decidí darle menos énfasis de lo que debería para no causar pánico. Sabía que tipo de pánico sería: el pánico que no permite tomar decisiones, ese que nos lleva a correr, tratar de salvar nuestras vidas sin importar las de los demás. No podía permitir esa reacción. Necesitábamos unión. Necesitábamos estar listos para lo peor. Y lo peor estaba pasando.
El botón para activar el plan estaba a mi cargo.
2
Azul y blanco. Metal brillante en todas partes. Si, ya estaba despierto. El cielo era un sueño. Ugh, como me gustaría quedarme entre las sabanas, pero la alarma que me llama al Sector Cinco es demasiado apremiante.
¿Por qué a mí? La pregunta que me hago todos los días. Probablemente es por el Mecha. No, seguramente es por el Mecha. Es para lo único que sirvo aquí, probablemente es la única razón por la que estoy vivo.
La alarma no me deja pensar. Es mejor seguirles la corriente. Probablemente necesitan que repare algo en la cúpula exterior. Algo simple. Siempre es algo simple que ellos no pueden hacer.
3
Es terrible que nadie sepa, que todos crean que el siguiente día va a ser normal. Bueno, todo lo normal que pueden ser estos días, los días finales de la humanidad en decadencia. ¡No! No son nuestros días finales. Me aseguraré de eso. Será un costo terrible, y seguramente se me acusará de egoísta. Ellos no lo saben, pero nuestra única salvación está en el fondo del mar.
Los elegidos serán informados segundos antes de la detonación… Entre ellos está mi hijo. Siento como mi alma se destroza al pensar en dejarlo solo con la responsabilidad de pilotearlo. Quizás soy más egoísta de lo que creía. Lo extrañaré.
El control donde está el botón tiembla en mi mano.
4
El Sector Cinco esta atiborrado de gente. Pareciera que todos vienen a verme. Ok, puede que lo que me van a pedir sea más difícil de lo que creía.
Apenas traspaso las puertas metálicas un hombre se acerca moviéndose entre la multitud. Lo reconozco. Es el comandante Limewave, a cargo de la cúpula oeste. Es nuestro líder. Nunca me había hablado directamente, pero al parecer ahora este encargo lo amerita. ¿Qué puede ser tan importante? ¿Por qué yo? ¿Por qué tengo que ser el único que…?
Su voz interrumpe mis pensamientos. Su tono es firme, pero magnético. Su voz hace querer seguirlo. Su posición de comandante parece bien merecida. Me cuesta pero logro enfocarme en sus palabras:
“…que se entienda que es una misión de la más alta importancia. La colonia se está quedando sin oxígeno, y las reservas no durarán más de un año. Eres el único que puede pilotear el M87a, y por esa misma razón no tenemos más opción que enviarte a ti.”
Estoy por decir algo, pero el comandante no se toma más que una ligera pausa, y continúa.
“Ahora bien, no pienses que te enviaremos solo. Sabemos que el M87a solo puede ser manejado por ti, su hijo…”
Apenas menciona eso siento algo en mi corazón. Una mezcla de ira y nostalgia, tal vez. Aún así, logro mantenerme en silencio.
“… pero no podemos enviarte solo. Necesitamos a alguien que te supervise, y sabemos bien que el robot tiene espacio para acomodar a dos personas. La teniente Tristo será tu acompañante.”

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