Nocturnos

Somos nocturnos. Nos reunimos en noches marcadas, que parecen al azar, y el dialogo fluye de nuestros labios como compañeros de viaje en un reencuentro después de años. Nuestras juntas marcan un hito, un cambio mínimo en el mundo que será notado rara vez, pero que quizás cambie el flujo de la vida de alguien. Marcas al azar en una pared. Una puerta abierta que debería estar cerrada al filo de la noche. Comida agotada en un pasillo de supermercado.
Esta vez las cosas son algo distintas. Hay algo de riesgo. Salimos en auto pero lo dejamos estacionado lejos para minimizar el riesgo de ser vistos. Le digo a la pareja que se quede atrás. Ambos tienen buenos ojos, y saben cómo advertir sin ruido, un aviso con un gesto o un carraspeo que se note poco y nada en la noche. El italiano me acompaña y nuestros pasos resuenan juntos por la vereda. Nos paramos abruptos cuando vemos al fin las cercas de la casa. Hacemos un comentario irrelevante sobre las paredes de madera oscura, una pequeña discusión de sus propiedades ante el frío y el calor. Pronto, sin embargo, volvemos a estar serios. Alguien debe entrar. El segundo debe estar al otro lado, asegurando la salida. La pareja se asienta en los bordes y vigila a los transeúntes mientras simulan (o no simulan) conversar agitadamente sobre la inmoralidad del cangrejo y temas aledaños. El italiano me empuja. Esta vez me toca a mí.
La puerta no chirrea cuando la abro lento. Las luces están apagadas y casi al principio me tropiezo con la lámpara que no debería estar, pero evito hacer ruido notorio. Algo cambió dentro, y ahora no estoy seguro de nada. Las cosas cambian con la noche, y mi vigilancia diurna solo me sirve para averiguar dónde están las paredes. Tanteo y lo encuentro. El sillón. Con cuidado lo muevo hacia la izquierda y saco el vestido de mi mochila, estirándolo con cuidado. Misión completada.

La mañana me confirma mi propósito. La alegría de una mujer recuperando su pasado. La reunión se disipa y nos despedimos como viejos amigos. Ya vendrán otros momentos, otras noches, y seremos nocturnos de nuevo, quizás en otro lugar, en otro país, en otra vida. 

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