El historiador II

El historiador volvió una noche oscura y calma, donde el rumor apenas perceptible de hojas volteadas impregnaba el ambiente. Había encontrado una revista en su diario, que contaba la historia de alguien que era su nieta lejana. Vivencias similares lo llevan al recuerdo: antes de los doce años tenía todavía uso de su pierna, pero un fatal accidente a caballo lo cambiaría para siempre: paso veinte días inconsciente, dado por muerto, flotando en el azar. Se salvó por milagro. Para él, literalmente.

Su cara sonríe. Me cuenta que lo salvó la fe de su madre, quién creía que se salvaría desde el principio hasta el final, agregando a su convicción sus plegarias. Ahora todavía cojea pero dice ser feliz. Del caballo físico que algún día montó hasta su caída ahora queda uno espiritual. Me pregunta: ¿Cómo podría no ser feliz?

La pregunta ronda en mi mente, pero creo que no existe respuesta. Después de su historia, se despide, y siento la biblioteca mucho más vacía.

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