Sobre organizarse

Aprovechando el impulso de lo nuevo, me gustaría hablar de algo que siempre me ha costado mucho, en especial si se aplica a mi escritura: la organización. Es tentador y fácil escribir las cosas como van apareciendo en nuestras cabezas, intentando unirlas en algo coherente y, bueno, expresivo y relevante ante todas las otras obras que ya existen antes. Podría parecer, incluso, que esa es la mejor forma de hacerlo, porque saca directamente las palabras de su centro. He descubierto, con el tiempo, que esa concepción es errónea.

La escritura espontanea siempre parece buena en la mente, pero mientras se escribe pierde rápidamente su cualidad: el error es demasiado fácil cuando no se ha hecho una vista previa de lo que se quiere expresar. Lo primero en aparecer son errores ortográficos, luego los de sintaxis, luego los de trama. Es tan “cool” si mi personaje quiere escalar una montaña para enfrentar a su rival, pero, ¿como lo hace si lleva sus armas en la mano, y son tan pesadas que si las lleva en su espalda no hará más que caer?

Escribir así, sin guía, sin ley, sin orden, lleva casi inevitablemente al fracaso. Las ideas son siempre brillantes al principio (por algo son representadas por una ampolleta que brilla) pero ponerlas en papel siempre las apaga de a poco: las palabras son ambiguas, menos rápidas y menos exactas que nuestras ideas. La organización y el tiempo ayudan a mitigar, e incluso, a jugar con tal ambigüedad para crear algo distinto pero coherente. He aprendido, escribiendo mi novela, que las cosas deben ir más lento, que dejar una idea anotada para después, y luego planear como aplicarla no es un pecado mortal que haga que se disipe, o que pierda intensidad. El planeo en cambio determina la forma de esa idea, para que la luz no se pierda en espectros amplios e inútiles. Ahora solo iluminará lo que necesita luz.

Finalmente, esta organización también se aplica a la vida común y corriente. No es necesario tener un calendario con todas las fechas importantes anotadas, pero si es necesario pensar hacia adelante, no dejar todo hacia un futuro incierto e incontrolable, porque las cosas nunca se hacen solas. Nadie va a hacer nuestro trabajo por nosotros, cosa que he descubierto a la mala. Dejar todo al viento hace que todo lo que hagamos sea como el viento: rápido, pero desorganizado e impredecible (al menos, si no eres meteorologista.)

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