Abuela

Lo que queda es un reflejo, borroso, de un retrato. Mi mente es un laberinto de espejos, de recuerdos que se transforman, que no pueden mostrar lo que nunca conocieron. Y no te conocí, porque de ti solo vi lo que quedaba, lo que dejó el accidente. Eran los remanentes de algo mucho más grande, mucho más brillante, que solo vi cuando era demasiado joven para acordarme.

A veces, recuerdos de esa época aparecen en mi mente. Un auto pequeño. Un jardín con un parral de uvas. Una pista de autos de juguete. Palabras suaves, una noche larga. Un llanto que nunca salió afuera. Una noticia desesperada entregada por unos padres que no sabían como compartirla con un niño de diez años.

Nunca te conocí, y luego no quise re-conocerte. Tu manera de hablar, difícil de entender, y tu mirada, perdida en la distancia, me recordaban lo que alguna vez fuiste. Y fui cruel, porque en vez de enfrentar esos sentimientos decidí evadirte, escapar como siempre lo he hecho. Ya no estás, y todo lo que queda es ese recuerdo, un recuerdo que jamás voy a poder completar, el reflejo borroso de un retrato.

Salto

Estas corriendo, fanáticamente, de algo que te persigue. Zigzagueas por pasillos estrechos y oscuros, doblas a la izquierda, saltas y escalas una reja hacía los techos. Desde un tejado, decides saltar a otro. Tus músculos se preparan, luego se tensan. Es el mejor salto que has dado en tu vida. Saltas tan, tan alto, que sales fuera de tu cuerpo.

Está corriendo, fanáticamente, de una mirada que lo persigue. Lo sigues por pasillos estrechos y oscuros, lo observas escalar una reja hacía los techos. Estas cerca, muy cerca, hasta que decide dar un salto, el mejor que ha dado en su vida. Sabes, entonces, que la persecución no tendrá fin.

Soledad Compartida

La soledad

Aplasta

Como la gravedad

Lenta

Absurda

Doblega las espaldas

Resquebraja los huesos


La soledad

Compartida

Reduce al mundo

Enorme

Vasto

Y lo convierte

En un absurdo


La soledad

Se disipa

Como el vapor

Etéreo

Nimio

Se escapa por el aire

Salta a través de la ventana


La soledad

Viaja

A través de tus ojos

Fríos

Verdes

Tu imagen desaparece

El humo del té esparce tu recuerdo

No

Yo no lo elegí. Nunca lo quise, pero no puedo sacarlo. Pulsa dentro mío, permanentemente, destruyendo gran parte de lo que realmente me importa. Tengo miedo, tanto miedo, de romper todo con mis manos torpes, de ir demasiado lejos y no poder retornar nunca. Quizás ya lo hice, porque te extraño.

Te extraño tanto que lo siento en mis entrañas, que los lamentos queman mis parpados, y debo mantener mi silencio. Mi silencio, si, porque hablar es confesar un crimen, romper un pacto, sucumbir a la tentación de morir como una estrella, fugaz y terrible, y luego oscuridad, solo oscuridad.  

Pasajera

La lluvia en verano

Suena

Como un tren

En los techos de zinc

Y viaja

De estación

A estación

Es pasajera

Como sus pasajeros

Las gotas que gruesas

Alguna vez se volverán granizo

Parado bajo la lluvia

Mis anteojos borrosos de gotas

Espero que el tren

Alguna vez pare

Por mi

Mal día

[Esto es solo un pequeño experimiento, que creo que no tiene la calidad usual de mis otras escrituras. Lo pongo aquí de todas formas, gracias por leer.]

Despertó con un grito. Soñó que caía, y lo había cumplido: estaba en el suelo, enredado en las sabanas. Se levantó, adolorido, y entró al baño. Luego de desvestirse, prendió el agua caliente. No contaba, sin embargo, con que la ducha estuviera suelta. Cayó, golpeando su cabeza y causando que un chorro de agua caliente lo quemara. Ya vestido, abrió la puerta del departamento, sin querer imaginar que más le iba a pasar. Pasó por el jardín y apenas logró atajar una pelota perdida. Se la entregó a un niño, que le sonrío inocentemente. Iba a ser un buen día.

En el fondo

A veces sueño que me rodea el silencio, que las olas de un mar sigiloso y frío me tragan y me llevan hasta el fondo. Me siento feliz, en esos sueños. Mis memorias se condensan, mis miedos se dilatan y se extienden como sombras en el fondo de un río.

Yo soy ese mar, que azota tranquilo las costas de la playa, sintiendo apenas el cosquilleo de la arena. Yo soy esa arena, arrastrada de costa en costa, viajante eterna e involuntaria. Soy esa arena en el fondo, a oscuras, donde se ocultan peces y secretos.

Pero no estoy solo. Es esa la mayor contradicción, la mayor duda, el mayor dolor. Soñar con la soledad, pero temerla. No querer dañar a los demás, pero no poder evitarlo. Querer a quién no debo querer, estar donde no debo estar. Porque mi sola presencia cambia, porque no soy un fantasma, porque cada conflicto, cada rama rota, cada tropiezo, es un ataque contra mí mismo.

A veces sueño que me rodea el silencio, que estoy atrapado en el fondo de un mar frío y oscuro. Me siento triste, en esos sueños. Mis memorias se condensan, mis miedos enfurecen y se agrandan como sombras en el fondo de un río. No soy ese mar. No soy esa arena. El camino se bifurca.

Escritura en borrador

A quién quiero imitar, ahora, a quién debo seguir para mantener la apariencia de que mi estilo es propio, de que lo que se escribe es único, inimitable, inalcanzable.

La lejanía es parte de la búsqueda, la lejanía es necesaria, vital. No tocar, no ser tocado. No interactuar, no ser interactuado. No soñar, no ser soñado.

Porque escribir es misterio, es un agujero minuciosamente esquivado, el espacio entre blancos, una mancha de tinta a la que cualquiera puede dar forma.

Ser esa mancha, ser imposible de determinar, ser potencial sin forma. Estar lejos, verse apenas en la distancia, parecer un espejismo, ser la ilusión en el borde de la realidad.

Intocable, inalcanzable. Solo. Porque la soledad da forma, porque la soledad es un caleidoscopio, cambiante y colorida, como el reflejo de las gotas en una tormenta. Solo.

Punto negro

Entre los arbustos, alrededor de los árboles, escondida en la sombra de los autos, me mira con sus ojos amarillos. Es un desafío, cada día, lograr encontrarla. Cuando al fin mis ojos logran posarse en ella, un pequeño maullido la delata. Es un llamado, pero también un reconocimiento de mi existencia, una aceptación de que me acerque, una disipación del miedo de que haya desaparecido.

Es negra, como las sombras entre las que camina. Elusiva, como solo los gatos pueden serlo. Libre, también, porque no pertenece a nadie más que ella misma. Cariñosa, a veces, cuando la noche comienza a alzarse sobre las nubes. Verla es suficiente para salvar el día, para escapar de la miseria que es sentirse solo.

Se irá, algún día, antes que yo, pero no dejare de verla en la oscuridad de la noche.

Ira

Se habla mucho

de la ira

de la tormenta infinita

del fuego

pero ignoramos

que el mundo sigue

cuando termina

¿Qué espera

después

de la ira?

Tierra

quemada

humos

de lamento

que se alzan

al cielo

Se habla poco

del lamento

de la lluvia infinita

del abismo

porque ignoramos

que el mundo seguía

cuando terminaba la ira

¿Qué espera

después

del lamento?

La tierra

quemada

ya no da fruto

y los humos

se entremezclan

con la lluvia

Niebla

al final

solo queda

niebla.